Fuente: La Nación
La Navidad es una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano, que se festeja en varios países del mundo. Si bien posee orígenes religiosos, es una fecha en la que muchas personas aprovechan para reunirse más allá de la fe para intercambiar regalos, compartir una cena y buenos deseos.

En tanto, los fieles del catolicismo consideran esta fecha como una oportunidad para la reflexión y celebración de los valores cristianos al recordar el nacimiento de Jesús de Nazaret, la figura central de esta jornada. Su historia es inspiradora y considerada como la llegada del Mesías por millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, existen otras religiones, registros históricos y estudios teológicos que por mucho tiempo otorgaron este título a otros referentes espirituales.
Jesús, el Mesías
Durante la juventud de Jesús de Nazaret, Judea se encontraba bajo el dominio del Imperio Romano, lo que imponía fuertes tributos y cierto sometimiento del pueblo. Esta situación generó la necesidad en las personas de encontrar refugio en la vida espiritual, como manera de solucionar sus pesares y transitar la vida con esperanza. La tradición judía sostenía con expectativa el arribo de un Mesías que devolvería al pueblo su grandeza. Muchos luchaban por alcanzar este título, puesto que se autoproclamaban como los elegidos o salvadores.

Al contrario, Jesús arribó al mundo con un mensaje universal, capaz de llegar a todas las personas con simpleza y paz. Mientras otros líderes proponían la restauración del pueblo judío, él compartió su deseo de lograr un nuevo Reino abierto a todos los que quisieran recibir la gracia de Dios.
Otro de los aspectos que contribuyó su éxito y consolidación como el Mesías fue el acompañamiento escrito de sus vivencias a través de los evangelios, lo que permitió que su historia y enseñanzas trascendieran las fronteras de Judea.
Figuras como Pablo de Tarso resultaron esenciales para la expansión del cristianismo en el mundo. Este apóstol promovió la incorporación de creyentes no judíos sin solicitarles el cumplimiento de los ritos tradicionales, lo que dio como el resultado el surgimiento de nuevas comunidades cristianas en diferentes regiones.
